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Cuba a caballo: tras los pasos de la revolución

Caballos de paso cubano, quarter-horse y otros con cruce de raza española fueron los utilizados para estas rutas

Hace más de una década, el promotor de viajes Rafael Belmonte trazó una ruta muy exótica en la que nos invitaba a conocer la Cuba profunda, recorriendo lugares que hasta entonces no habían sido visitados por expedicionarios a caballo. Cabo Cruz, Los Cayuelos, La Medina o La Platica fueron algunos de esos lugares, que formaron parte de aquel inolvidable viaje a lomos de sus caballos. ¡No te lo pierdas!

Éramos doce los que saltamos a la embarcación que nos llevaría de Cabo Cruz a Los Cayuelos. Los dos tripulantes enfilaron la lancha mar adentro bordeando la barrera coralina y, tras media hora de navegación, desembarcamos en el mismo lugar donde lo hiciera aquel grupo expedicionario, que, liderado por Fidel Castro, desembarcó del Gramma. Es este un capítulo simbólico de especial importancia para comenzar lo que iba a ser la 1ª Ruta de la Revolución a Caballo.

Nos habíamos acostado tarde por la noche tan fantástica que habíamos pasado en Pilón, donde habíamos visitado antes de cenar el museo de Celia Sánchez. Esa mañana, antes de embarcar, habíamos hecho una parada en Niquero, bella población del Caribe que conserva aún muchas de sus casas coloniales.

Viaje a caballo por Cuba

Caminar casi media hora por el pasillo construido en medio del manglar nos da una idea de las penalidades que debieron pasar en las más de 4 horas que emplearon en abrirse paso aquellos expedicionarios con macutos y armas a cuestas, en semejante lugar salpicado de mosquitos y jejenes.

Finalmente llegamos a Portada de la Libertad, donde encontramos a nuestros caballos debajo de las palmeras y al lado de una reproducción del Gramma. Tras un refrigerio y una breve descripción del itinerario se distribuyeron los caballos. “120” era el nombre del encargado de introducirnos en Sierra Maestra. Los caballos y las monturas (tipo western) estaban en buenas condiciones. Había una mezcla de todo: caballo de paso cubano, quarter-horse y cruce de este con árabe. También había algunos con cruce de caballo español.

El itinerario de la primera etapa, ya de por sí de largo recorrido, era lo que hizo que con el tiempo empleado en menesteres anteriores y algunas vicisitudes durante el camino, que llegáramos a nuestro destino a las diez y cuarto de la noche. Entre esas vicisitudes se encuentra la más de media hora empleada en sacar la mano de un caballo del agujero del terreno rocoso, llamado “Diente de Perro”, por el que cabalgamos durante buena parte del recorrido. Finalmente, con el martillo de herrar que llevaba Óscar, nuestro cuadrero, pudimos romper una parte minúscula de la roca, lo suficiente para sacar la mano del caballo. Alberto, nuestro guía de patrimonio, nos conducía por medio del bosque tropical, con árboles y plantas cuyos nombres nos daba a conocer Palacios, nuestro guía de medio ambiente: guásimas, guaos, carolina y pimienta.

Viaje a caballo por Cuba

Cuando ya empezaba a oscurecer, Alberto me miró y me comentó: “Rafa, yo he hecho este recorrido varias veces… pero esta es la primera vez que lo hago de noche”. Con los ojos dos metros por delante de su nariz, iba buscando los monolitos de piedra que señalaban el itinerario. “Yo sé que me la estoy jugando” me dijo Alberto. “No te preocupes, no es la primera vez que me pasa”, le contesté. Pusimos los caballos en fila india, quedándome yo delante con mi caballo, con una pequeña linterna en la mano. De vez en cuando se oía el crujir de alguno de los enormes cangrejos que quedaban aplastados bajo las patas de alguno de los caballos. Alegría de Pío, nuestra meta del día, fue el lugar donde tuvieron su bautismo de fuego los expedicionarios.

Aunque llevábamos saco de dormir, no nos hizo falta en los campamentos, ya que teníamos sábanas para nuestros catres. Estos campamentos eran realmente bases de campismo para pioneros (escolares), con sus duchas y aseos correspondientes. A la luz de un gran fuego, tuvimos el placer de escuchar la música del grupo Rebelión, buena parte del cual está formado por invidentes.

A la mañana siguiente nos dirigimos entre cañaverales hacia el Plátano, donde tuvimos ocasión de visitar el Museo del comandante Guillermo García. La lluvia nos sorprendió antes de llegar a Cinco Palmas, el lugar donde se produjo el encuentro entre los hermanos Fidel y Raúl Castro, después de la dispersión de Alegría de Pío.

Aquí pasamos la segunda noche. Al día siguiente, se nos unió Ramón, el hijo de Edilberto Piña, personaje entrañable del lugar, que nos invita a café en su casa, mientras nos cuenta los momentos pasados como guía en la sierra, en los tiempos de la Revolución. “Ustedes son los primeros en hacer este recorrido a caballo”, nos dijo antes de partir.

Cabalgando ya por las entrañas de Sierra Maestra, la ropa, todavía húmeda del fuerte chaparrón del día anterior, se nos iba secando rápidamente. Después, el camino nos llevó bajo la sombra de mangos, algarrobos y palmas, debajo de los cuales tuvimos la suerte de encontrarnos con el Zum-Zum, el pájaro más pequeño del mundo.

Viaje a caballo por Cuba

Cuando llegamos a La Habanita, nos estaban esperando. Con un protocolo muy familiar fuimos presentados a la comunidad, que nos dio un simpático recibimiento. Aquí disponíamos de una casa para nosotros. Se preparó un cochinillo asado del que dimos buena cuenta antes de empezar a disfrutar del que iba a ser nuestro grupo musical durante tres días: “El Quinteto Rebelde”. Con una solera de más de 40 años, es difícil escuchar a este grupo sin resistir la tentación de bailar al compás de su música.

Al día siguiente emprendimos la marcha a caballo hasta llegar al camino que atraviesa La Yamagua. Este recorrido, que se hace a la sombra de enormes palmas, cedros y ceibas, transcurre por una pequeña senda, y se realiza normalmente en menos de una hora. Debido a la lluvia del día anterior, para nosotros fue realmente una hazaña el tener que descender por él, con el caballo en la mano y por un terreno bastante resbaladizo.

Empleamos más de dos horas en recorrer esta zona, rodeados de una vegetación exuberante, compuesta principalmente de plantas de café y plátanos. Después de almorzar en La Montería, cabalgamos hasta Las Mercedes, donde estuvo ubicada la comandancia del famoso guerrillero Che Guevara, cuya casa visitamos.

Aquí dijimos adiós a los caballos y fuimos transportados, en la caja de un camión, hasta nuestro hotel en Santo Domingo. Después de cenar disfrutamos y bailamos nuevamente con “El Quinteto Rebelde”. En los tiempos de la Revolución, los componentes de este grupo no combatían, sino que tenían la importante misión de tocar y cantar para animar y levantar la moral de los revolucionarios. Sus canciones y sus ritmos se oían en todo Cuba a través de Radio Rebelde.

Viaje a caballo por Cuba

Por la mañana subimos a la caja de un viejo camión soviético que, con gran esfuerzo y estruendo, nos llevó por la carretera que acomete la pendiente más pronunciada del continente americano para subir al Alto del Naranjo. Después de comernos unos cocos, nos dirigimos al camino que nos llevaría a La Medina, donde descansamos después de caminar una media hora por un camino igualmente enfangado, aunque con mejor trazado que el del día anterior. Continuamos nuestro paseo media hora más hasta llegar a la Comandancia de La Plata, el lugar en el que estuvo situado el campamento rebelde. Construido todo en madera y a la sombra de enormes palmas, comprendimos lo imposible que fue para los soldados de la dictadura de Batista localizar semejante emplazamiento. Allí visitamos algunas de las casas, entre ellas la del dentista, la de reuniones y la de Fidel. En el camino de vuelta nos cruzamos con un guajiro que tiraba de una recua de mulos cargados de hojas de palma secas, que servirán más tarde para cubrir e impermeabilizar el bohío.

De nuevo montamos en la caja del camión, siempre de pie, que nos condujo por casi dos kilómetros por una pista, rugiendo como un oso mientras ascendía para llevarnos hasta el sendero que llega a la comunidad ecológica de La Platica, en donde se nos ofreció un almuerzo con carne de lechón, frutas y ron. De regreso, en Santo Domingo, cenamos y bailamos por última vez al son de nuestro ya familiar quinteto.

Al día siguiente, en Bayamo, visitamos esta bella ciudad que lleva adelante una brillante restauración de sus edificios más importantes. Aquí son famosos los paseos en coches de caballos, y nosotros nos decidimos a visitar la ciudad de esta manera. Pudimos alojarnos en el nuevo hotel de la ciudad, pero preferimos cenar en un paladar. La visita a la casa de La Trova es obligada por el placer de escuchar al veterano grupo musical de Bayamo. Enhorabuena.

A las diez de la mañana, después de despedirnos de Ofelia y Jorge, de patrimonio, subimos en el minibús camino de Santiago de Cuba. A mitad del trayecto, paramos a visitar la Finca El Alcázar. Esta es posiblemente la finca más importante de la isla, y su propietaria, María Antonia Pujol, posee los mejores quarter-horses de Cuba. Además, hay en ella más de 600 conejos, cría de cerdos, patos, magníficos cebús y hasta cuatro cebraznos, un cruce de macho de cebra con hembra de burro. En el mundo solo existen cinco ejemplares más de esta especie, cuatro en Inglaterra y uno en Japón.

La limpieza, higiene y estado de todos los animales de esta finca raya la perfección. En visitar la finca y ver los caballos se nos fue la mañana. Después de un breve almuerzo gentilmente ofrecido por María Antonia, regresamos a nuestro vehículo. Por delante teníamos aún la visita a Santiago de Cuba y su Castillo del Morro, nuestro viaje a Baracoa y el regreso a la bella Habana. Pero el recuerdo entrañable de mi incursión en Sierra Maestra, las imágenes y los momentos vividos con sus gentes, lo llevábamos ya como el que guarda un tesoro conquistado con esfuerzo.

 

Texto y fotografías: Rafael Belmonte – Equitur News

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