¡No hay manera de tocarle los cascos al caballo!

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Cuando entro en su padock se pone en alerta, ya tiene expectativas negativas de lo que vendrá, según su experiencia. Antes, había visto cómo agarraban al animal arrinconándole y lanzándose sobre su cabezada, pero yo no los voy a imitar: vago mirando al suelo como si fuera buscando algo hasta que se relaja y me mira preguntándose qué hago, una actitud un poco más positiva.


No puedes hacer nada con un caballo que no quiere estar contigo


Me acerco casualmente, le toco brevemente y me alejo antes de que él pueda alejarse. Lo repito. Finalmente se relaja y puedo acariciarle, lo que hago con mucho cariño. Se suaviza, pues pongo mi mano por detrás de la cabezada y le ato una cuerda. Digo: “ven”, caminamos pocos metros y le pido parar. No lo hace, da vueltas alrededor de mí y luego para, de nuevo en alerta. “Muy bien” digo acariciándole, y repito andar y parar hasta que se relaja y para conmigo sin tocar la cuerda.


Cuando vas a trabajar un problema con un caballo desconocido, mejor olvidarte del problema y ganar su confianza pidiéndole algo sencillo que ya sabe y premiándole con acaricias suaves


Le acaricio por todos los lados y bajo la mano por su pierna izquierda.

Los herradores siempre empiezan con la mano izquierda, pues es donde habrá más problemas, por lo que la dejaré para lo último.

Apoyo la mano por detrás del menudillo y le presiono hacia delante, diciendo: “levanta”. Pisa más firme sobre el pie. Lo intento de nuevo, lo mismo. La tercera vez, con mucha presión, consigo que levante el talón un poquito, balanceando sobre el dedo. “¡Muy bien!”. Lo acaricio.


Premia el más mínimo intento


Ya que se resiste tanto, necesitamos premiarle con comida. Edrei, un estudiante, se pone delante, preparado para premiar al caballo en el momento en que cede un poquito. La vez siguiente consigo levantarle el pie entero un par de centímetros desde el suelo. “¡Bien!”. Sin nada más, voy al pie derecho. Al pedírselo la primera vez, echa su peso en el pie; a la segunda, ya levanta el talón; a la tercera, levanta todo el pie dos centímetros; y a la cuarta lo levanta bien. Pongo el pie en el suelo bastante rápido para no darle tiempo a cambiar de idea. La mano derecha cuesta un poco más, pero de la misma forma – primero premio cuando levanta el talón; segundo, cuando levanta toda la mano un poquito; y tercero, cuando la levanta más alto.

Los cascos que no se podían tocar

Estoy intentando establecer una pequeña rutina, que, con suerte, reconocerá cuando lleguemos a la mano más difícil. Ya sé que los caballos reaccionan distinto con cada extremidad y sobre todo cuando están resabiados, pero quiero que entiendan mi patrón de comunicación.

La mano izquierda, como temí, es distinta. Ya no me quiere al lado de su hombro y menos que le pase la mano por debajo del brazo. Entonces, repito todo lo que he hecho anteriormente, esta vez sin pausas: levantar los demás pies en tres etapas y luego la mano derecha, todo con premios, a ver si capta la idea. Un poco, parece que sí. Ahora está tranquilo mientras paso la mano por su brazo izquierdo hasta el casco, pero cuando le toco por detrás del menudillo, levanta la mano rápido y alto y la pega al suelo. “¡Bien!”. A ver si con repetición lo hace con menos nervio. No mejora. Se lo pido cuatro veces más y obtengo el mismo resultado: un manotazo violento y rápido. Por ahora, no lo intento más.


No repitas lo que no está mejorando: se fortalece el hábito indeseado


El clicker y la recompensa

Tenemos que premiarle en el momento en que su mano está en el aire, no cuando ha dado el manotazo y la pone en el suelo. Necesitamos un clicker, que actúa como antesala al premio, pero que marca exactamente el momento justo. Afortunadamente, los estudiantes han trabajado con clicker, aunque con perros, y traen uno al día siguiente.

Encontrando la sincronía juntos

Repito mi manera cuidadosa de agarrarle, andar y parar, y se tranquiliza más rápido. Introduzco a mis dos ayudantes, Edrei por delante con la comida y Daniela con el clicker para marcar el momento. Con cada click ganará un premio. Hago primero los pies. Sigo con las tres etapas para cada pie. Mis ayudantes son magníficos, Daniela muy exacta cliqueando en el momento justo y Edrei le da comida al oír el click. El pie derecho lo levanta bien y puedo limpiarlo un poco con mis dedos. La mano derecha la dejo en mi mano un par de segundos antes de sentir que la tengo que poner en el suelo de nuevo.

Otro problema es que estamos premiando al caballo con su pienso, lo que normalmente recibe sin tener que trabajar para ello. Necesitamos premios más especiales y más puntuales, como manzana o zanahoria, las que dejan la boca limpia.

Alguien ofrece su manzana de la merienda, y la cortamos en trozos pequeños. Con esta ayuda puedo levantar bien la mano derecha y limpiarla mientras el caballo recibe trozos de manzana continuamente. Huele terrible, con la ranilla podrida, la suela abultada, esto sugiere que el tejuelo está rotado.

Cuando levanta el talón le premiamos porque es su primer intento de cooperación

Cuando le pido la mano izquierda, pega su manotazo de siempre, pero ahora Daniela está atenta y cliquea en el momento justo en que la tiene en el aire, pues recibe un trozo de manzana. La tercera vez, le vemos pausar un poco cuando la tiene en el aire y esta pequeña pausa se aumenta un poquito, hasta un segundo, con dos repeticiones más. Está captando la idea, es solo que aún le da miedo. Entonces, decido ir a pasear con los demás caballos dejándole contemplar lo que ha pasado –nada mal- y volver al tema después.

En este trabajo es imprescindible sentirse satisfecho con un avance bien hecho, no podemos confiarnos demasiado y pedir más de la cuenta, podríamos acabar con un fracaso. Para el caballo, superar su miedo una y otra vez, cansa emocionalmente.

Volvemos con otra manzana

¡El caballo viene hacia mí! Repito toda la secuencia de andar, para y estacionarle en el mismo sitio, con los ayudantes. Levanto los pies con facilidad, aunque curiosamente insiste en dármelos en los tres pasos de siempre: levantar el talón y recibir premio; levantar el pie dos centímetros y recibir premio; y luego me lo da con confianza completa, recibiendo premios mientras lo limpio e incluso consigo quitar la ranilla podrida.

Cuando el manejo del caballo se ha hecho por medio de intentar enseñarle a evitar el castigo, cualquier cosa nueva le da miedo, porque sabe que habrá dolor y no sabe cómo evitarlo. Entonces al re-enseñarlo por las buenas, hay que establecer una pequeña rutina, distinta a la que ya reconoce, lo que actúa como una señal de seguridad en la “que nada irá mal”. Este caballo ha creado una señal de seguridad por su propia cuenta: sabe que levantar el pie en tres etapas siempre le ha salido bien, pues continúa haciéndolo así. Quizás, necesitará esta señal de seguridad siempre. Si le obligamos a levantarlas de una vez, como se hacía antes, ya sabe que acabará mal. A menudo, el resabiado no teme el final de la faena, es la manera de empezar la que le avisa de la desgracia que, según su experiencia, seguirá.

Edrei y Daniela se introducen como ayudantes de buena fe

La mano derecha tampoco presenta problemas. La izquierda la levanta durante varias veces brevemente y nervioso (con el clicker marcando el momento en el aire y el premio), pero sin manotazos. De repente, cuando se lo vuelvo a pedir, la levanta bien, con la rodilla doblada, entonces, pongo mi mano por debajo del casco. Hay un momento en que lo siento tensarse y luego pensar: “bueno, creo que está bien, a ver…” y se relaja totalmente, dejándome limpiarlo bien. Pero he venido en avión ¡no tengo ni una navaja! Y tampoco hay herramientas en la hípica para hacer el trabajo. Qué pena me da.

Al volver, incluso después de una temporada, tendría que dejarme arreglar sus cascos si sigo la misma rutina, porque las señales aprendidas por premios quedan en la mente del caballo. Un herrador bueno tendrá que actuar igual y seguir la misma rutina. El caballo no se olvida que ciertas señales preceden al dolor y terror mientras que otras son señales de seguridad.

El equipo: Daniela cliquea en el momento que levanto la mano y Edrei le premia enseguida. La precisión temporal es imprescindible: el caballo tiene que conectar el premio con el momento exacto cuando está haciendo lo que le pedimos

Se pueden superar muchos resabios de la misma manera:

• Conseguir la confianza del caballo tratándole con suavidad, premiándole cuando hace bien las cosas que ya sabe para cambiar sus expectativas.

• Conseguir la confianza del caballo tratándole con suavidad, premiándole cuando hace bien las cosas que ya sabe para cambiar sus expectativas.

• Para trabajar con un problema de miedo aprendido (resabio), usa premios de comida especiales. Los mejores son pequeños trozos de zanahoria o manzana, los que dejan la boca limpia.• Premia el más mínimo intento de cooperar, después premia el intento pequeño, luego el intento y por fin el éxito.

• Dale tiempo para reflexionar.

¡Éxito! Ha entendido qué es lo que tiene que hacer para ganarse la manzana

Muchas gracias a Daniela y Edrei por la ayuda y a Pamina y a Gemma por las fotos.

* Pie de foto de la portada: Incluso desde este ángulo se ve la distorsión del casco. No hay herramientas adecuadas, pero consigo limpiarlo con lo que hay.

Texto y Fotos: Lucy Rees – Especialista en Etología


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