¿Cuáles son las ventajas del jinete que sabe usar el cuello de su caballo?

¿Cuáles son las ventajas del jinete que sabe usar el cuello de su caballo?

En doma la mano ni blanda ni dura, pero sí firme

El caballo aprende a usar su cuello a modo de balanza para conseguir, con la caja en movimiento, el equilibrio deseado. El maestro Luis Ramos-Paúl nos sigue trasmitiendo todo su saber. En esta ocasión nos habla de la importancia del cuello y el equilibrio. No os perdáis sus valiosas reflexiones.

CUELLO Y EQUILIBRIO

El cuello

Un caballo es una caja más o menos rectangular o cuadrada, según el tipo y la raza -el caballo de deporte entra más en el rectángulo mientras que el caballo español en un cuadrado- con cuatro extremidades que lo soportan, y con un cuello que a manera del mango de la sartén se sale de esa caja hacia delante. El caballo aprende a usar su cuello a manera de balanza para conseguir, con la caja en movimiento, el equilibrio deseado. El cuello es el fuelle del acordeón, arqueándolo y recogiéndolo en los aires reunidos y estirándolo en los de más amplitud. El jinete que no sepa hacer usar el cuello de su caballo poca carrera podrá hacer, ya que el caballo que no usa su cuello, entre otras muchas cosas, no irá hacia delante con ganas y decisión.

El caballo español tiende por lo general a tener un cuello corto y grueso, carnoso y más bien algo gordo por su base. Este cuello hay que ejercitárselo mucho desde los comienzos, dejándole libre y provocándole muchas bajadas de cuello.

Solo entonces es cuando empezarán a funcionar sus espaldas y a proyectar sus brazos hacia delante. El caballo que no sepa estirar su cuello y tirar de las espaldas nunca mostrará grandes deseos de ir hacia delante. Se limitará a levantar su cuello y cara, y dejará sus espaldas anquilosadas marcando un inadmisible y estrepitoso manoteo muy regocijante para los turistas y ciertos ganaderos.

PRE con una caja que entra en un cuadrado
PRE con una caja que entra en un cuadrado

 

Cierto que el motor se encuentra en el tercio posterior, pero más cierto es que delante del motor se encuentra más de la mitad del caballo taponando la salida de la fuerza que ése tenga. Por tanto, hemos de procurar dejar libertad al cuello, a fin de que el caballo busque su equilibrio y de esta manera aligere su tercio delantero y pueda desenvolverse mejor, en otras palabras, empujar a medio caballo por detrás y darle la libertad al otro medio por delante. ¿Para qué queremos una potente motocicleta si luego le frenamos la rueda delantera? Que le frene y pise a fondo, a ver qué pasa. Con el caballo es igual, se descompondrá y excitará, trabajará sin orden ni concierto, corriendo y con su columna vertebral arqueada hacia arriba, y plegando sus corvejones fuera de la masa. Totalmente abierto, y encima al máximo de revoluciones. En nuestro trabajo montado y en la cuerda hemos de educar a nuestro potro tanto a caminar como a pararse sin tener que llegar a forcejeo alguno, convenciéndolo y recompensándolo cada vez que atienda nuestra orden. Él comprenderá enseguida, y con esta baza en la mano nos podemos disponer a soltarlo de la cuerda.

El equilibrio

Hemos dicho anteriormente que en las distintas facetas de la doma hay que tener en cuenta: la impulsión y la reunión y ahora añadimos, pero sin perder el equilibrio.

El caballo que se desenvuelve en cualquiera de sus aires: paso, trote y galope, sin perder el equilibrio es el más adecuado para practicar la equitación. El caballo es una masa con volumen que puede pesar de media tonelada hacia arriba, y que mientras está parado y aplomado en sus cuatros extremidades le es fácil mantener el equilibrio. El problema está cuando esta masa se pone en funcionamiento.

Vemos que un caballo en libertad usa su equilibrio hasta el punto de ejecutar una pirueta. Está incurvado a la derecha, su pie interior está debajo de la masa, la posición de su cuello manteniendo la reunión hace que su cara caiga en vertical. La grupa un tanto más baja que la cruz y las manos en el aire describiendo un círculo concéntrico alrededor de sus pies ¡Perfecto! Ahora solo falta una cosa: el peso del jinete, un hierro en la boca y una cincha que apriete sus flancos. ¡Casi nada!

 

Foto de inicio: Caballo joven con el cuello superior bien musculoso

Texto y fotos: del libro editado por Grupo Lettera “Historias, Leyendas y Cuentos ecuestres” de Luis Ramos-Paúl y Dávila

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