Paso atrás con salida al paso

Paso atrás con salida al paso

Su utilidad, buena ejecución, cómo y cuándo se enseña

Cualquier jinete, y ni él mismo sabe por qué, tiene preferencias hacia algunos movimientos y aversión a otros, que a la fuerza han de repercutir en su ejecución. Durante los años en que monté mucho a caballo jamás quedé contento con los galopes en trocado que conseguía. En cambio, con el paso atrás… No me queda más remedio que echarme una flor porque estoy convencido de que todos mis caballos hacían un paso atrás fuera de lo común. Esos buenos recuerdos permanecen en mi memoria, y quien me lea se tiene que dar cuenta al ver cómo me alargo escribiendo sobre el paso atrás.

PASO ATRÁS CON SALIDA AL PASO

El Reglamento

El Reglamento también se ocupa del paso atrás con largueza. Quiere que el caballo salga desde la parada –con su inmovilidad- y pide regularidad, equilibrio, rectitud, transiciones y salida al paso sin perder la acción. Y exige como mínimo seis pasos atrás y seis pasos adelante. Todos los jinetes hacen más. Seguramente, les parecen pocos, porque seis pasos no son seis trancos, sino sólo tres.

En cuanto al modo de moverse el caballo, explica que las extremidades deben elevarse claramente y los posteriores conservar bien la línea recta. Sobre la actitud del caballo prescribe que tanto durante la parada y la inmovilidad que preceden al paso atrás como durante este movimiento, el caballo debe permanecer completamente en la mano, conservando siempre el deseo de salir adelante. Y advierte que toda anticipación o precipitación del movimiento, toda resistencia o defensa a la mano, toda desviación de las caderas, toda separación o pereza de los posteriores y todo arrastrar de los anteriores, son faltas graves.

Y define el paso atrás como un movimiento de retroceso, simétrico, en el que las extremidades se elevan y apoyan por bípedos diagonales.

Su utilidad

El paso atrás es un movimiento natural en el caballo, aunque lo emplea muy poco. Si tiene que dar más de dos trancos se da media vuelta lo mismo que hacemos nosotros, que también tenemos articulaciones diseñadas par a ir hacia delante y deseos de ver lo que vamos a pisar.

El paso atrás no nos vale para llevarnos de un sitio a otro, pero adquiere mucha importancia en la doma porque el caballo se acostumbra a trasladar su centro de gravedad a voluntad del jinete y le dota de elasticidad en su columna y en sus posteriores. Mejora también el contacto de los caballos que se apoyan demasiado en el bocado.

Para Nuno Oliveira “es el gran ejercicio para flexibilizar la región sacro-lumbar, fundamental para la reunión”.

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La buena ejecución

El Reglamento de Equitación Militar de 1975 hace una buena observación sobre el paso atrás: “El caballo ha de apoyar y elevar al mismo tiempo las dos extremidades de cada bípedo diagonal. Si el apoyo del pie es anterior al de la mano, el caballo tiene recargado el tercio anterior”.

Dos siglos antes nuestro Conde de Grajal explicaba perfectamente el paso atrás:

Llevar atrás los cavallos pide mucha maña y admite poquísima violencia. Has de llevar el cavallo atrás sosegado, de forma que no se te ha de caer de adelante, bajar la cabeza ni agazapar; antes bien, has de procurar la lleve en su debido lugar y que no se precipite, y que el busilis de esta obra está en el tiempo que ha de volver adelante, porque entonces has de afirmarte sobre los estribos, forzar más tus riñones y arrimarle las pantorrillas. Esto ha de preceder al volverle adelante. Este tiempo es el todo, y ha de ser tan pronto que el venir hacia atrás y volver adelante se han de equivocar, porque esto es lo que aligera el cavallo, le vence el lomo, enseña a usar de las piernas y le hace entender con puntualidad aquella imperceptible diferencia de retraer el cuerpo atrás a ponerlo natural, volviéndole a su lugar par a que salga adelante”.

Por aquella época, ya era muy importante la salida adelante. Todos los tratadistas han hecho lo mismo, y de La iglesia afirmaba que “el caballo debe dar el paso atrás con tal exactitud que en el tranco que se le antoje al jinete pueda otra vez empujarle adelante con sosiego”.

No le damos su importancia a la salida, que es la prueba de fuego del paso atrás, pues si éste no es bueno nunca podrá haber una buena salida al paso, que debe hacerse sin tiempo de parada y sin la menor resistencia, siendo la mejor prueba de la ligereza, de la flexibilidad y de la obediencia.

Así lo explicaba el General Decarpentry:

En el paso atrás correcto, los posteriores van hacia atrás por el retroceso previo del cuerpo –pues es el peso el que hace moverse a los miembros- y deben repartir sobre todas sus articulaciones la flexión que resulta para ellos de esta sobrecarga y de la compresión resultante. Es en el momento en que la punta de la nalga (el quijote par a nosotros) pasa por el plomo del pie correspondiente, cuando la flexión del conjunto del posterior se reparte mejor en todas sus articulaciones. El caballo que levanta su pie en ese momento es el dueño de su masa, y la duración del apoyo de sus extremidades es la misma que la del tiempo de suspensión”.

Cuándo se enseña

Son célebres las palabras del General Détroyat, jinete jefe de Saumur, repetidas por muchos maestros: “Lo primero que se debe enseñar a un caballo es a no ir hacia atrás”.

El paso atrás, en efecto, debe enseñarse muy tarde, pues es perjudicial hacerlo antes de que el caballo esté confirmado en su impulsión, con una obediencia total a las piernas. En Viena, donde saben lo que hacen, el paso atrás se enseña al final del segundo periodo de doma, previo a la fase de equitación superior, con el caballo dueño de su impulsión y totalmente flexible.

No hay que tener impaciencia. Si el caballo está preparado bastarán dos o tres semanas para conseguir un buen paso atrás y una buena salida adelante.

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Cómo

La enseñanza del paso atrás puede iniciarse pie a tierra o montado. Aunque cada jinete tiene sus preferencias, quizá el aprendizaje que se empieza pie a tierra parece más dulce y progresivo y presenta menos problemas y defensas.

El jinete se coloca delante del caballo sin levantarle la cabeza, le hace tascar el hierro y por medio de tensiones alternas de arriba a abajo –rienda izquierda para anterior izquierdo y rienda derecha para anterior derecho- consigue hacer retroceder al caballo. Debe bastar con un par de pasos atrás. Ha y que acariciar y llevarlo hacia delante para evitar el aculamiento y que el paso atrás no se convierta en una defensa. Repetiremos unas cuantas veces. En la pista no podremos utilizar ni la v oz ni la vara, que están prohibidas, pero de momento podemos crear en el caballo reflejos condicionados. Alguna palabra –tras, atrás u otra cualquiera, pero siempre la misma- así como pequeños y alternativos golpes de vara en el instante en que cada mano va a retroceder o el caballo duda en hacerlo, lo ayudarán a comprender.

Después de algunas sesiones el caballo debe obedecer sin problemas a lo que se le pide, y podemos ir elevándole paulatinamente la cabeza, pero siempre que conserve la calma, dé trancos amplios y esté dispuesto a salir adelante en cuanto se le pida. No podemos elevar la cabeza prematuramente, pues una colocación excesiva sería un obstáculo par a el libre juego de los posteriores, que se verían recargados por un centro de gravedad retrasado en exceso. El testigo de que vamos por el buen camino ha de ser el tranco amplio, la rectitud y la elevación de los remos.

Ya podemos empezar con el paso atrás montado. En principio es más fácil pedírselo al caballo desde el paso y no desde la parada –como habrá que hacerlo en la pista- porque estando toda la masa en movimiento es más fácil para el jinete disponer de ella a su gusto.

Se lleva al caballo a un paso cada vez más corto y reunido hasta rozar la parada sin llegar a ella, en un punto muerto en que al caballo le da prácticamente igual seguir adelante que iniciar el paso atrás. Es el momento en que el caballo puede comenzarlo con la movilización de sus posteriores. Debemos aligerarlos de peso, avanzando algo nuestro cuerpo para llevar el centro de gravedad más cerca de las espaldas. Las riendas mantienen un ligero contacto, con una elevación de cuello moderada. Se detiene el deseo del caballo de ir adelante resistiendo con la mano y aflojando la presión de las piernas.

Riendas y piernas van a trabajar alternativamente. Supongamos que el caballo inicia su paso atrás con el diagonal derecho –mano derecha y pie izquierdo-. El jinete eleva y retrasa su mano hacia la izquierda, descargando la espalda derecha del caballo. A la vez actúa con su pierna izquierda para impulsar al posterior izquierdo hacia atrás. En cuanto ese diagonal derecho se apoya en el suelo, o incluso un instante antes, el jinete cambia sus ayudas. Eleva y retrasa su mano hacia la derecha, descargando la espalda izquierda, y actúa con su pierna derecha. La otra pierna del jinete, la que tiene menos protagonismo en cada paso atrás, no está dormida. Abriga al caballo, pues entre las dos mantienen la rectitud y vigilan que el caballo no se salga de un “pasillo” teóricamente del que no debe salir.

Cuando el caballo esté puesto en el paso atrás podremos prescindir de las facilidades que le hemos dado hasta ahora. Hay que empezar desde la parada e ir elevando poco a poco cabeza y cuello, aunque sin exagerar. El peso del jinete irá adoptando su posición normal, y como en cualquier otro ejercicio las ayudas se irán haciendo más tenues a medida que el tacto del jinete vaya viendo innecesaria su intensidad.

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Para salir al paso, la acción simultánea de las dos piernas debe producirse en el momento en que el caballo va a iniciar un paso atrás, momento que el jinete advierte fácilmente cuando observa que la espalda se va hacia atrás.

La salida hacia delante se debe practicar mucho, pidiéndola tras variar con frecuencia el número de pasos atrás, hasta llegar a balancear el caballo entre un paso atrás y otro adelante. Así se llegará a conseguir tal elasticidad que el caballo, después del paso atrás, llegará a tomar tan fácilmente el galope como el paso.

Incorrecciones

Hay defectos de los que voy a tratar, como el caballo que abre demasiado los pies o el que va hacia atrás con el cuello abajo, cargando sus espaldas y arrastrando las manos. Voy a extenderme en los más frecuentes.

La primera falta que podemos ver es cuando el caballo contrae su mandíbula, se pone rígido y se niega a dar un solo paso atrás. La segunda la comete el jinete, que se pone nervioso y tira con fuerza de las riendas. No puede hacer nada peor, pues la resistencia aumenta y el caballo puede llegar a la empinada. Está claro que al caballo le falta preparación. La solución urgente y menos mala es no insistir en la tracción de riendas y anular el foco de resistencia del tercio posterior, movilizándolo con un ligero desplazamiento a derecha e izquierda, con lo que cesa la rigidez y se puede intentar de nuevo el paso atrás.

Otras veces vemos que se comienza con una colocación demasiado alta y el peso del jinete muy atrás. Es tan instintivo llevar el cuerpo atrás cuando se quiere retroceder como llevarlo adelante cuando se quiere avanzar. Si no sustituimos el instinto por el razonamiento creamos más dificultades, entre ellas la pérdida de la rectitud, que se recupera fácilmente si el peso de la masa pasa a las espaldas y el tercio posterior, poco cargado, puede ser dirigido por las piernas.

Hay otro peligro mayor en este caso. Las tracciones de riendas llegan a acelerar el paso atrás hasta el punto que el caballo descompone las diagonales. El caballo levanta cada posterior después que el quijote está más atrás que el corvejón. La masa amenaza derrumbarse, y el caballo se ve en la necesidad de precipitar su ritmo par a evitar caerse de culo. Además de que la rectitud es difícil, es imposible una buena salida al paso, que necesitará el “tiempo muerto” de una parada.

En caballos que carecen de reunión podemos encontrarnos con un paso atrás con mucha elevación de cuello y la cabeza despapando. Su dorso se hunde bajo la presión vertical del cuello. Para escapar a esta presión el caballo abre las articulaciones de sus posteriores y libera su corvejón dolido sacándolo atrás y afuera demasiado pronto, abandonando la impulsión.

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Epílogo

Ya hemos dado un repaso a las faltas e incorrecciones en este ejercicio. No son más graves ni más numerosas que las de cualquier otro, aunque el ojo del aficionado las detecta mejor. También sabrá apreciar con deleite un buen paso atrás seguido de una buena salida al paso, cuando alguna vez aparece un jinete sacando pecho y mirando por encima de las orejas del caballo y éste, sin prisas, dueño de su equilibrio, marca los tiempos, mantiene la rectitud en el ritmo y sale adelante en cuanto se le pide ¡Qué sensación de agrado dejan un hombre y un caballo formando un solo cuerpo y rozando la perfección!

 

Texto y fotos: La Doma Vaquera Actual de Juan Llamas editado por Grupo Lettera, S.L.

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