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Entrevista a Joaquín Rodríguez, Juez Nacional A de Doma Vaquera

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Nuestro protagonista comenzó en el Rejoneo, como jinete, pero poco después se recondujo hacia el juzgamiento, tanto de Doma Clásica, como de Morfológico y, cómo no, de Doma Vaquera. No es una cara habitual de los concursos de temporada, pero en cambio cuenta con decena y media de Campeonatos de España en su haber como juez, entre ellos el de 2015 (Córdoba), 2010 (Paterna de Rivera) o el Campeonato de Menores, en el que ostentó la presidencia.

Joaquín, ¿cómo surge su vínculo con el mundo del caballo?

Por tradición familiar. Mi padre ya estaba metido en el tema de los caballos desde hacía muchísimos años. Mis inicios fueron en el 1969-1970, cuando intenté hacer mis pinitos en el mundo del Rejoneo como jinete. Estuve ahí unos 10 años, como Joaquín Rodríguez de la Villa. Mucha gente me sigue conociendo más por ese nombre que por Rodríguez Moreno. Mi padre tenía una finca que se llamaba La Villa y me pareció que el nombre se quedaría mejor en la memoria. De hecho, he estado criando caballos, en una ganadería pequeñita, y sigo criándolos, aunque ya menos, y llevaban el “prefijo” de “La Villa”. El mundo del Rejoneo era complicado en aquella época, como sigue siéndolo en esta. Lo dejé, y ya mi vida quedó ligada al mundo del caballo en general.

Entre finales de los 80 y principio de los 90 hice Vaquera. Por ejemplo, participé en Andújar, en el concurso que se celebraba en honor de la Virgen de la Cabeza; y en Córdoba, cuando se inauguró el Club Hípico, donde coincidí con los nombres de la época: Luis Ramos-Paúl, Rafael Soto, los Hermanos Tirado, (Luis) Mahillo…

¿Por qué decidió formarse y dedicarse al juzgamiento de la Vaquera?

En aquella época salieron dos convocatorias de cursos para jueces, una en Sevilla y otra que se hizo posteriormente en Madrid, que la dio Luis Ramos-Paúl. Y a mí me unía bastante relación con él.

Un día me lo comentó, y me animó a que me apuntara. Hablamos del año 84-85. Y desde entonces, sin parar hasta la actualidad. Salvo unos años que se juzgaba poquito, pues este mundo de la Vaquera es muy cerrado, por decirlo así. Pero me siento muy honrado. Que un juez no andaluz, en esa época, entrase en la Vaquera, que juzgase Campeonatos de España… me hace sentir agradecido. Creo que soy el juez actual que más campeonatos ha valorado, unos 14 o 15.

Nuestro protagonista en sus comienzos como jinete

Además de la Doma Vaquera, ¿juzga usted en alguna otra disciplina?

Sí, también soy juez de Doma Clásica, de Morfología… Cuando entré en este mundo, después del Rejoneo, mi vida la enfoqué a aprender. Tenía muy claro lo poco que sabía. Había que ver también España en los años 70, en cuanto a equitación. Me marché a Portugal, estuve con el maestro Nuno Oliveira un par de veces, aprendiendo la equitación clásica, para mejorar más.

¿Tiene predilección por alguna raza, capa…?

Yo creo que de caballos hay dos razas, los buenos y los malos. Hay quien tiene más afinidad a una determinada raza, pero caballos buenos salen en todas. Es verdad que la Vaquera es muy exigente y hace falta un tipo de caballo con un corazón, con una capacidad de sufrimiento y de trabajo tremendas. Hubo una época que les dio mucho por los Pura Sangres, que yo creo que no era una idea acertada. Es un caballo muy complicado en todo. De entrada, porque no sirve para la doma, está hecho para correr… Creo que un buen cruce es el Tres Sangres bien equilibrado. Sobre todo, que no le falte sangre del caballo ibérico, y con eso me refiero al Lusitano y al PRE. Los Luso-árabes o los Hispano-árabes serían el prototipo de caballo de Vaquera, con más chispa, con más arte. La Vaquera tiene que tener su pellizco, su duende, e indudablemente eso tiene que transmitirlo el caballo.

Usted es natural de Albacete, uno de los focos de la Doma Vaquera en Castilla La Mancha. ¿Cuál es la situación que atraviesa la disciplina en su provincia?

Albacete es una tierra agrícola, pero allí no ha tenido demasiado tirón la Vaquera. A la gente le gusta montar a la Vaquera, por aquello de que utilizan montura y bocado vaquero, pero la Vaquera es una palabra más amplia, es más difícil. No es extraño que no haya muchos jinetes buenos, sobre todo fuera de Andalucía.

Hablemos ahora de la Vaquera en Castilla La Mancha, en general. La provincia de Toledo es sede de numerosos concursos, pero territoriales.

No se asientan. Hubo uno muy importante, el de Valdepeñas, durante al menos ocho o 10 años, que también se fue a pique. Recuerdo que entonces la RFHE no limitaba el número de caballos y llegó a haber 50 caballos (CVNA), todos de Andalucía, quitando alguno de Extremadura, Castilla La Mancha o Valencia. Si no hay una persona de una institución pública detrás, se va a pique. En este caso estaba Carlos Aparicio, arquitecto del Ayuntamiento y gran aficionado a los caballos, que era el que empujaba. Si no hay gente que haga las cosas por afición, cuesta organizar.

¿Hay diferencias entre la Vaquera de sus comienzos como Jurado de Campo y la que valora actualmente?

Sí que hay una cierta diferencia. Digamos que el espíritu es bastante parecido, aunque en la actualidad los jinetes son más técnicos, han aprendido más técnica de equitación, que es fundamental.

En aquella época era todo más espontáneo, era gente básicamente del campo. Tenían el pellizco ese que tiene que ser innato, pero luego carecían de otras cosas que hoy se han visto que son necesarias. Las “sangres” de aquella época eran tremendas. Hay gente que añora eso, pero creo que no tienen razón. En algunos foros se ha comentado que a los caballos de hoy no se les exige, pero al mismo tiempo no se quiere que el caballo tenga ni un rosado de la espuela, o en la nariz.

La afición más rancia critica la equitación actual, diciendo que en su época “era todo mejor”. Pero, por ejemplo, Luis Ramos-Paúl, uno de los pioneros, fue el primero que se preocupó por aprender más técnicas de equitación y aplicarlas a la Vaquera, que le dieron un gran resultado y hay gente que sigue su estela, su método. Seguro que se habría adaptado a los tiempos.

Ya que menciona el tema de la sangre, llama la atención la cantidad de binomios que se han eliminado por este motivo…

Yo creo que muchos caballos llegan ya tocados en esas zonas por su entrenamiento diario, y hay que dejar que se curen porque siempre están al borde de sangrar. En cuanto aprietan un poco con ellos, tan pronto se les mete la espuela… Recuerdo estar cuatro años de debates y de reuniones en comisiones técnicas, y no se llegaba a arreglar el tema de las espuelas, que salían de la fábrica y eran como cuchillas, que apenas rozaban al caballo y les hacían unas rallas… En el momento, los caballos no se enteraban, pero luego se les secaba y les tiraba. Les tocabas el costado y el animal se ladeaba. Pero a los caballos había que exigirles. Por suerte ya se abolió el tema de las espuelas de ocho puntas que no se podían limar. Aquello sí que era sangrante. Ahora está en manos de cada jinete, que debe saber cuánto puede apretarle a su caballo. Yo tampoco soy partidario de que las espuelas de hoy sean redondas.

Tienen que tener picos, más gruesos para que le hieran menos. Pero bueno, si todo estuviera tan claro en la Vaquera como con la sangre… Lo
demás luego es más subjetivo. Los Reglamentos están para cumplirlos, pero sobre todo para interpretarlos bien.

¿Qué le parecen las modificaciones del Reglamento?

Muchos cambios de los que se hacen no tienen gran utilidad. Hace un par de años se hizo una enmienda con los famosos círculos, que no podían ser menores de 10 metros. Se ha vuelto a cambiar ahora, a ponerlo como estaba. El problema es que luego los jueces no cumplían con ese requisito, el jinete lo hacía a su manera, a veces se le olvidaba… Lo vi muy absurdo.

Donde los jueces se tienen que poner de acuerdo, que creo que no lo estamos, es en qué es buena equitación. Cómo tiene que estar un caballo, cómo tiene que tener el equilibrio, cómo tiene que funcionar, cómo tiene que colocarse…

El juez, de alguna manera, tiene que instruir al jinete. Si no le pones notas para llamarle la atención… Hablando de notas, convendría que las medias de los tres o cinco jueces fueran más en sintonía. A veces hay demasiada disparidad.

¿Qué le parece la tendencia al alza a la hora de puntuar?

En los últimos años creo que se está juzgando excesivamente alto. Son medias de casi perfección, y no se puede decir que la perfección la tengamos ahí. Por ejemplo, la colocación y la rectitud tienen que trabajarla muchos caballos de los que se ven. Cuando he sido presidente del Jurado de Campo, que te sitúas en el centro de la pista, a veces he visto entrar al caballo ya atravesado, con la grupa metida a la derecha. La parada muchas veces es malísima, porque el caballo pega una “grupá” hacia ese lado, se cae, y va bastante mal equilibrado. Pero el público aplaude y ya todo se confunde. Tú como juez, te tienes que mantener firme. Cuando puntúes así varias veces, el jinete se termina enterando. A veces nos convertimos en meros calificadores, nos quedamos ahí, entre el siete y el ocho por rutina. El jinete ve la media y piensa que no lo ha hecho tan mal.

Parece que, tras los masivos Campeonatos de España recientes, se busca reducir el número de clasificados, bien con la media mínima de 250 puntos, bien con el límite de 21 binomios en los CVNB… Otra forma de cribar sería estableciendo niveles de competición, más allá de los de Menores. ¿Es usted partidario?

Yo creo que añadir más pruebas a la Vaquera, que ya está tan encasillada, sería difícil porque no tendría éxito. De hecho, la prueba de Potros, que se creó poco después del Reglamento, nunca se hace porque el jinete de Vaquera no es previsor o no tiene esos dos o tres caballos “en cadena”, para que cuando se le acabe “el bueno” pueda sacar el siguiente. Normalmente, el caballo no es suyo, es de clientes. Se ha visto con algunos jinetes buenos, que han retirado al caballo y no han competido en seis u ocho años porque no tenían uno de relevo. El jinete de Vaquera va “muy al día”. El tema de la masificación lo vi venir hace un chorro de años. Pero ahora va a haber problemas otra vez. En Torre Pacheco, por ejemplo, solo se clasificaron cinco. Pero ahí los jueces tenemos que ser consecuentes. Cuando la media era baja (230) se daban puntos alegremente y todo el mundo entraba. Ahora, con los 250 puntos, puede hasta que pase lo contrario.

En cambio, usted no suele faltar a los CVNB de Torre Pacheco y Osuna, que incluso ha presidido en más de una ocasión.

Bueno, el tema está de “sota, caballo y rey”. Si tienes por ahí algún comité organizador que se acuerda de ti, al que le gusta que vayas, pues juzgas. Si no, no juzgas. En Osuna, por ejemplo, siempre han sido muy afines a mí. Yo iba mucho en la época de Luis Calderón, gran amigo mío que en paz descanse; coincidía con Antonio Angulo; con los de la Puerta, Matías y Joaquín… Cuando se hizo por primera vez el concurso, se acercaron al comité y le hablaron de mí, y ya desde entonces. Está saliendo muy bien el tema.

Y si no hay relación con el comité, ¿no se juzga?

Bueno, está muy visible, lo sabe la afición, que entre cuatro o cinco jueces se ha juzgado el 90% de los concursos. Y cuando siempre repiten los mismos, los caballos ya están “ganados”, salvo que ocurran cosas muy raras, ya están “colocados”. Al final son los jueces que marcan la pauta. Es donde yo veo que viene el desequilibrio y las cosas cruzadas, para jinetes y jueces. A mí, por ejemplo, no me llaman tanto porque “para qué va a venir el de fuera si tenemos jueces en Andalucía”. De algún comité organizador lo entendería, porque le puede suponer un poco más de gasto, pero por lo demás es igual. Yo creo que hay jueces que se merecen “más minutos”, como los futbolistas, y no los están teniendo. Tampoco le veo tendencia al cambio.

Joaquín Rodríguez, en último término, valorando como juez 2 en el XLIV Campeonato de España de Doma Vaquera

A modo de cierre, ¿qué momento cree que está atravesando la Doma Vaquera en España?

Yo creo que goza de buena salud, porque tiene tirón popular. Donde se hacen concursos de Vaquera, no solo en Andalucía, va mucha gente. El problema es que no salen jinetes de las demás comunidades, y eso limita. Pero la cantidad de concursos que se hacen, la gente que va, y cómo le gusta… todo eso está bien. Luego hay otras cosas que ya no están tan bien.

Texto y Fotos: Redacción Trofeo A la Vaquera

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