¿Qué significa la equitación según los principios clásicos?

¿Qué significa la equitación según los principios clásicos?

El dedo en la llaga por un entrenamiento incorrecto y demasiado rápido

Es difícil encontrar un método ecuestre o una “filosofía de la equitación” individual que no se considere a sí misma como “clásica”. La gran cantidad de interpretaciones del concepto ponen de manifiesto la complejidad del tema. Un motivo importante radica en el hecho de que los jinetes tienen que ponerla en práctica con muchos caballos de razas y tipos muy diferentes.

Un caballo de sangre caliente con una enorme mecánica de trote y una fase de suspensión pronunciada debe ser juzgado de forma totalmente distinta que un caballo ibérico con menos suspensión al trote y una línea dorsal más baja. No obstante, hay una definición valida en términos generales que se ajusta a todas las escuelas ecuestres. A modo de ejemplo, la reconocida escuela de caballería en Hannover ha elegido una cita del HDV 12, el reglamento de la caballería alemana del año 1912, como referencia básica para entrenar caballos:

Objetivo y principios de la doma clasica: (…) se marca como objetivo entrenar al caballo hasta conseguir su mayor rendimiento y obediencia. Este objetivo solo se consigue cuando el caballo se pone en un marco o posición que le permita desplegar sus habilidades, mientras se conserva y desarrolla su talento natural. En esta posición correcta, el caballo podrá soportar los esfuerzos de su trabajo por mucho tiempo”.

Esto es lo crucial: la idea principal de este acercamiento es que al caballo se le permita desarrollarse como un atleta fuerte y sano, lo que no podrá producirse con un método de entrenamiento mecánico y rígido En mi opinión, los métodos de entrenamiento alternativos que llevan la etiqueta de ciertas creencias y filosofías pueden llevar al éxito y se pueden calificar como «clásicos», siempre y cuando tengan en cuenta las principales circunstancias anatómicas, fisiológicas y psico1ógicas del caballo en general y del caballo individual en particular. Adiestradores famosos y reconocidos del siglo pasado apuntan repetidamente al factor tiempo.

Es el caso de Oberst Alois Podhajski (1898-1973), el antiguo director de la Escuela de Equitación Española de Viena:

“¡Tengo tiempo!’; me gustarla gritar esta frase a todos los jinetes que de repente se topan con dificultades y no pueden ponerse de acuerdo con sus caballos. Sin embargo, todos los jinetes de doma clásica deberían pensar “Tengo tiempo” y recordar el principio básico según el que podemos alcanzar los objetivos máximos en el arte de la equitación solo cuando incrementamos nuestras exigencias de manera sistemática.

Ningún atleta puede ofrecer su máxima rendimiento en el momento preciso y mantenerse sano sin haber desarrollado su cuerpo (y mente) durante un periodo de tiempo significativo.

Hace falta tiempo para encontrar primero al caballo apropiado en cada caso, para descubrir y conocer sus peculiaridades y singularidades. Hace falta tiempo para acumular experiencia como jinete para poder ofrecerle las ayudas correctas al caballo. Hace falta tiempo y mucha paciencia para entrenar a un caballo manteniéndolo en un estado saludable a nivel psíquico y físico hasta que esté preparado para competir, y para que el animal se mantenga en forma hasta llegar a una edad avanzada.

Por esta razón, para cualquier caballo y su jinete, la equitación clásica se desarrolla en un largo periodo de tiempo. Aparte de poseer las cualidades necesarias, la equitación significa que el jinete sepa compenetrarse con el caballo y que se preocupe sobre todo por el bienestar de su caballo.

Un alargamiento correcto del trote con impulsión: las extremidades diagonales están sincronizadas e iguales y el marco del caballo se amplía apropiadamente. La fotografía no muestra una posición idónea, puesto que el morro del caballo debería estar más por delante de la vertical

 

Cuando el jinete carga su peso, a veces considerable, sobre el caballo, debería fijarse sobre todo en dos cosas, según la ordenanza de equitación alemana HDV 12:

“El caballo debe aprender a volver a encontrar la posición que tenía sin el peso del jinete y también a moverse con soltura bajo el peso de éste, con el cuello extendido y bajo. Si es capaz de conservar este movimiento desenvuelto, entonces se relaja.
La actitud relajada se reconoce cuando el caballo se mueve hacia adelante en el trote de forma rítmica, extendida, sin prisas, y se esfuerza por estirar el cuello hacia la mano que sostiene las riendas, con el morro extendido hacia adelante y hacia abajo; cuando se balancea elásticamente desde el dorso y cuando lleva la cola de forma natural y relajada. La relajación del caballo es el primer requisito para el éxito de la doma clásica en general”.

La equitación clásica emplea las riendas solo como una ayuda sensible para ayudar al caballo a establecer un contacto, y no como un instrumento de “navegación”, y en absoluto para “frenar”. Una señal de la perfección más absoluta en la equitación es el descente de main et des jambes, que fue descrito en primer lugar por La Gueriniere: “la cesión de la mano y de la pierna”. Cuando hay armonía entre el caballo y el jinete, y estos han aprendido a comunicarse mediante las ayudas más sutiles, el jinete incluso renuncia en su mayor parte a las ayudas y deja que el caballo, en perfecta reunión, siga ejecutando el movimiento de forma autónoma con el mismo ritmo y la misma propulsión. En la equitación clásica las ayudas se entienden las ayudas, literalmente, y como tal, ayudan al caballo a entender las exigencias del jinete. Cuando el caballo las haya entendido y ejecutado, el jinete podrá renunciar a ellas.

A través de los siglos y hasta la actualidad, estas reglas básicas que se han mencionado para la comunicación entre el jinete y su caballo han sido validas, ya sea en el caso de Xenof6n, entendido en caballos y alumno de Sócrates (alrededor de 400 a.C.), de Francois Robichon de la Gueriniere (siglo XVIII) o de Felix Biirkner (Escuela de Caballería de Berlín). También son válidas en todas las formas y disciplinas ecuestres desde la monta western hasta la ibérica, desde el barroco hasta la equitación deportiva moderna. Es el propio caballo, con sus aptitudes y condiciones naturales, el que sienta las bases para el tempo y el tipo de entrenamiento, y no el hombre. Esta idea, entre otras, se formula de la siguiente manera en los Principios éticos de la Federación Ecuestre Alemana:

“El empleo del caballo en la equitación, el volteo o el deporte del enganche debe orientarse en función de su predisposición, su habilidad y su motivación. Influir sobre la capacidad de rendimiento del caballo mediante la administración de medicamentos y acciones que no respeten la salud del caballo deberán denunciarse y sancionarse”.

Lamentablemente, hoy en día se suelen ignorar estos principios con demasiada frecuencia, sobre todo en el entrenamiento de caballos jóvenes. Tal como lo formula la HDV 12 a principios del siglo XX, un caballo joven se consideraba un caballo militar en potencia y, como tal, un ser que debía confeccionarse sistemáticamente y dejar que se desarrollara durante mucho tiempo para conseguir un caballo eficiente psíquica y físicamente. Solo importaba el caballo que ya había sido adiestrado. Nadie se interesaba por los potros, ya estuvieran en su primer, segundo o tercer año de entrenamiento, ni como caballos deportivos ni como bienes económicos. En nuestros tiempos, esto ha cambiado mucho en detrimento de los caballos jóvenes.

No solo en las asociaciones de criadores y de deporte ecuestre, sino también en las yeguadas, se ha desarrollado toda una industria que ve al caballo primordialmente como un bien económico y muy lucrativo potencialmente, como un “material” o “capital de cría”.

En los capítulos sucesivos explicaremos claramente por qué un entrenamiento incorrecto y demasiado rápido perjudica persistentemente sobre todo al caballo joven.

 

Fotografía de inicio: Richard L. Wätjen, Munich, 1936, con Burgsdorff (Trakehner), con un piaffé ejemplar

Texto y fotografías: Del libro “El dedo en la llaga”, del Dr. Med. Vet. Gerd Heuschmann y publicado por Picobello Publishing

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